Dos seminarios proféticos

16 09 2016

Apocalipsis 7 – Los 144.000 y la Gran Multitud

Daniel 12 – Los 1290 y 1335 años

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Atento a sus comentarios…

Bendiciones.





Igualdad y Equidad

15 05 2016

Comparto una breve reflexión de 16 minutos sobre lo que la acción social nos enseña acerca de cómo Dios trabaja en nuestra vida.





Momentos de Paz – Acercarse a Dios

11 05 2016

Hola nuevamente. Comparto una breve reflexión basada en la visita de la reina de Saba al rey Salomón. Lo que ella vivió puede ser parte de nuestra experiencia al acercarnos a Dios y a su sabiduría.

Bendiciones.





Momentos de Paz – La cruz y el amor de Dios

13 04 2016

Comparto con ustedes una breve reflexión basada en Isaías 7. En el dilema que enfrentó el rey Acaz podemos ver reflejada nuestra experiencia, al igual que la señal del gran amor de Dios por cada uno.





Lo que nos enseñan los magos de oriente

17 12 2015

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“Los magos del Oriente eran filósofos. Pertenecían a la clase numerosa e influyente, que incluía hombres de noble alcurnia y poseía gran parte de las riquezas y del saber de su nación. Entre ellos había muchos que explotaban la credulidad del pueblo. Otros eran hombres rectos que estudiaban las manifestaciones de la Providencia en la naturaleza, y eran honrados por su integridad y sabiduría. De este carácter eran los magos que vinieron a Jesús” (DTG, 59). Así comienza el capitulo en el que Ellen White desarrolla los detalles de la visita de los magos a Jesús.

¿Qué significa que sean llamados “magos”?

Solo el Evangelio de Mateo los menciona (Mateo 2:1, 7, 16) y se traduce de la misma manera: magos. Sin embargo, esta palabra significa “hombre sabio” y también “mago”. El origen de este concepto es persa, y se asociaba con aquellos que se dedicaban a la astrología, la interpretación de sueños u otras ciencias ocultas.1 En un sentido concreto podía significar que pertenecían a la casta sacerdotal persa, eran poseedores de un conocimiento o de un poder sobrenatural, que practicaban la magia, o que figurativamente eran engañadores (Hech. 8:9-11; 13:6).2 Dado el contexto, parece que el primer significado es el más probable.

Que personajes tan distantes al pueblo de Israel tuvieran una participación tan significativa nos puede extrañar. Sin embargo nos revela que “la luz de Dios está siempre resplandeciendo aun en medio de las tinieblas del paganismo. Mientras estos magos estudiaban los cielos tachonados de estrellas, y trataban de escudriñar el oculto misterio de sus brillantes derroteros, contemplaban la gloria del Creador” (DTG, 59).

¿Por qué se fijaron en la estrella?

El interés de estos hombre en el Mesías podría haberse generado por el contacto con los exiliados judíos en el este y por el conocimiento del Antiguo Testamento.3 En Números 24:17 se señala que “saldrá estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel”. Los rabinos interpretaban este pasaje de manera mesiánica, y no estaban equivocados al hacerlo. Lo que resulta interesante es que estas palabras salieron de la boca del profeta Balaam que, debido a su reputación, lo convierte en un candidato improbable para dicho honor. Con todo, lo mismo se podría pensar de los sabios paganos que supieron identificar la señal de la estrella en circunstancias que ningún religioso israelita pudo hacerlo. A este pasaje se suma el de Isaías 60:3, en donde se señala que “andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento”. Estos dos pasajes sustentan el trasfondo de la visita de los magos.

Algunos comentadores de la Biblia señalan de que no existen registros astronómicos de una estrella que cumpla con las características detalladas en Mateo.4 Sin embargo, Ellen White esclarece que la “estrella era un distante grupo de resplandecientes ángeles, pero los sabios lo ignoraban. Sin embargo, tenían la impresión de que la estrella era de especial importancia para ellos” (DTG, 42).

El concepto de estrella ligado al del Mesías se mantuvo por bastante tiempo en la mentalidad judía. El Apocalipsis registra que Jesús es “la estrella resplandeciente de la mañana” (Apoc. 22:16). Como dato histórico, el nombre elegido por el líder del levantamiento en contra de los romanos entre los años 130 y 135 DC ilustra este hecho. Bar Kosba (hijo de un carnero) cambio su nombre a Bar Cochba (hijo de la estrella). Sin embargo, cuando su misión “mesiánica” falló, los rabinos lo tildaron de Bar Kosiba (hijo de la mentira).

¿Cuando vinieron los magos?

Las escenas retratadas en el arte y las representaciones cinematográficas dan a entender que los magos llegaron en ocasión del nacimiento. Sin embargo, el texto de Mateo sugiere otra cosa. Herodes pidió una audiencia privada con los magos para indagar “diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella” (Mat. 2:7). Al mismo tiempo, cuando ellos llegaron a ver a Jesús, entran en la casa en donde se hallaba José y María (vers. 11). Ya no estaban en el establo ni Jesús en el pesebre. Estos versículos señalarían que ya había transcurrido algo de tiempo. Cuando Herodes decide actuar en contra de los niños de Belén, lo hace en contra de quienes tengan dos años o menos. Si bien Herodes pudo haber ampliado el margen de tiempo, los dos años sugieren que hasta ese periodo pudo haber transcurrido.

¿Eran tres los magos?

La variedad de regalos fueron tres: oro, incienso y mirra. Sin embargo nada se dice de la cantidad de magos. A lo largo de la historia se los ha presentado como un número que varía entre dos y doce personas. Más aún, especular sobre los nombres de cada uno va más allá de lo que el texto bíblico permite. Los nombres tradicionales (Gaspar, Melchor y Baltasar) solo descansan en leyendas.5

¿Tenían algún significado los presentes?

El oro, el incienso y la mirra eran elementos comunes en el comercio de la antigüedad (como en el que habrían participado hombres como los magos) y al reconocer a personajes importantes.

Muchos significados se le han dado a los presentes, en parte por la influencia de pasajes como Isaías 60:6 y Salmos 72:10, 11, 15, todos relacionados con el Mesías. En ellos se mencionan el oro, incienso, o simplemente “dones”. Justino Martir (100-165 DC) fue el primer comentador que realizó la conexión entre ambos pasajes, sin embargo Mateo no establece ninguna relación entre ellos; por ejemplo, no ocupa la expresión “para que se cumpliese”, la que si utiliza en otros pasajes (Mateo 1:22; 2:15, 23; 4:14; 8:17; 12:17; 13:35; 21:4; 27:35).

La mirra era un regalo apropiado para un rey; de hecho se usaba en su ungimiento y dedicación (Sal. 45:8). En cuanto al oro, algunos han señalado que también guarda relación con la realeza, y que el incienso con el sacerdocio de Jesús. Otros asocian la mirra con la sepultura de Jesús ya que se ungía el cuerpo con especies aromáticas. Todas estas interpretaciones son posibles, pero la Biblia no entrega ninguna pauta interpretativa, como tampoco lo hace Ellen White. Está última, al referirse a los presentes, solo los asocia con la calidad de la fe de los magos: “Le dieron sus corazones como a su Salvador, y entonces sacaron sus presentes, ‘oro e incienso y mirra’. ¡Qué fe la suya! Podría haberse dicho de los magos del Oriente, como se dijo más tarde del centurión romano: ‘Ni aun en Israel he hallado tanta fe’” (DTG, 45).

¿Qué podemos sacar en limpio?

Ellen White señala: “Los sacerdotes y ancianos de Jerusalén no eran tan ignorantes acerca del nacimiento de Cristo como aparentaban. El informe de la visita de los ángeles a los pastores había sido llevado a Jerusalén, pero los rabinos lo habían considerado indigno de su atención. Ellos podrían haber encontrado a Jesús, y haber estado listos para conducir a los magos al lugar donde naciera; pero en vez de ello, los sabios vinieron a llamarles la atención al nacimiento del Mesías. ‘¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido?’ —dijeron;—‘porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle’. Entonces el orgullo y la envidia cerraron la puerta a la luz. Si los informes traídos por los pastores y los magos habían de ser aceptados, eso colocaba a los sacerdotes y rabinos en una posición poco envidiable, pues desmentía su pretensión de ser exponentes de la verdad de Dios. Esos sabios maestros no querían rebajarse a recibir instrucciones de aquellos a quienes llamaban paganos. No podía ser, razonaban, que Dios los hubiera pasado por alto para comunicarse con pastores ignorantes y gentiles incircuncisos. Resolvieron demostrar su desprecio por los informes que agitaban al rey Herodes y a toda Jerusalén. Ni aun quisieron ir a Belén para ver si esas cosas eran así. E indujeron al pueblo a considerar el interés en Jesús como una excitación fanática. Así empezaron a rechazar a Cristo los sacerdotes y rabinos. Desde entonces, su orgullo y terquedad fueron en aumento hasta transformarse en odio arraigado contra el Salvador. Mientras Dios estaba abriendo la puerta a los gentiles, los dirigentes judíos se la estaban cerrando a sí mismos” (DTG, 44, 45).

Aún en las regiones más remotas o improbables, Dios tiene a hijos e hijas sinceras que lo buscan ávidamente. Los magos pueden representar a muchos que, habiendo sido expuestos a otras disciplinas, tienen en su corazón la pasión por la verdad. En su búsqueda, Dios siempre hallará la manera de llegar a ellos. No nos debiera sorprender que, en estos tiempos finales de la historia, muchos lleguen buscando al Salvador. Lo harán y necesitarán a un pueblo que esté preparado para presentarlo. Buscaran entrevistarse y preguntarán, ya no por un niño, sino por un Salvador que viene pronto. Estarán dispuestos a reconocerlo y, al igual que los magos, le ofrecerán lo más valioso que tienen: su fe.

El desafío que nos queda a nosotros es muy solemne: ¿Estamos en condiciones de conducir a estos hombres y mujeres sinceros al Salvador? ¿Los prejuicios hacia quienes vienen “del mundo” nos cegarán a la generosidad y misericordia de Dios hacia ellos?

Los magos y su fe tienen mucho que enseñarnos.

  1. BDAG, 608. ↩︎
  2. TDNT, 547; ISBE, 4:1084. ↩︎
  3. Este planteamiento lo apoya Ellen White en DTG, 41. ↩︎
  4. AYBD, 3:411. ↩︎
  5. ISBE, 4:1085. ↩︎




Tiempo de Paz 2014 – Confianza en la dirección de Dios

12 08 2015





No culpemos al sistema…

7 12 2014

WidowsMiteEn una época con estructuras y sistemas falibles, resulta fácil convertir a estos elementos en el blanco de nuestra molestia: son un chivo expiatorio ideal para nuestro disgusto cotidiano. Cada sistema humano es un reflejo de nuestra naturaleza humana, la que es “bien intencionada”, pero imperfecta. Así pues, ¿somos inocentes? ¿Podemos eximirnos al relegar la culpa a las circunstancias? Por otro lado, ¿se nos olvida que bajo otras circunstancias nos gusta ser “los dueños y arquitectos de nuestro propio destino”?

En Lucas 20:45-21:6, Jesús aborda ciertas dinámicas que resuenan con este problema. La institucionalidad o el establishment social y religioso son el contexto para la crítica constructiva que Jesús realiza.

Por un lado, los escribas (20:45-47) representan lo nefasto que puede ser el sistema social; uno en donde la búsqueda del estatus y honor conduce a la falta de piedad. El amor existe, pero orientado a los privilegios que la sociedad nos puede ofrecer y que nos interesan: los disfrutamos hoy, nos satisfacen ahora. Sin embargo, a mayor gratificación conforme a los sistemas de este mundo, mayor condenación en el Reino de Dios (20:47).

Los ricos aparecen en la escena religiosa (21:1). Es extraño, ya que normalmente los colocaríamos en la arena social, así como los escribas en la religiosa. Es en esta inversión de ámbitos donde Jesús revela la inconformidad del ser humano. El religioso que aspira al cielo busca satisfacción en lo terrenal. El rico que posee bienes terrenales, aspira a satisfacciones espirituales. En el fondo, somos carentes en un mundo que alimenta nuestra satisfacción con un cuentagotas… y en la fuente de soda que está en la vereda de enfrente.

En medio de esta tensión, en donde la sociedad y la religión son “sistemas” que los escribas y los acaudalados tratan de usar para satisfacerse, aparece la figura de la viuda (21:2-4). Ella no tiene estatus ni riquezas. Está sin condiciones de usar el sistema, pero aún así, esta inmerso en él: es parte de este mundo.

Seguramente ella no ignoraba los abusos que ambos sistemas hacían posibles en manos de hombres como los escribas y los ricos. De hecho, ella era víctima directa de los primeros (20:47) y perjudicada por la pasividad de los segundos (cf. Luc 16:19-21). Sin embargo, su simple acción la coloca como la figura más fuerte entre los tres. Los escribas y ricos usaban el sistema; la viuda se colocó sobre el sistema. ¿En qué sentido? Lo ingrato y frío del sistema no le impedía ver la mano de Dios que la sustentaba; lo malo que ella veía no la hacía insensible a la dulce mirada de Jesús sobre ella (21:2). La viuda podría tener muchas razones para no relacionarse con los sistemas de su tiempo, pero ella se muestra fuerte al escoger su relación con ellos. No es una de beneficio a corto plazo; no los usa para negar lo que es, ni los culpa por su condición. Ella elige mirar sobre ellos y contemplar a Dios. Su deber hacia Él pasaba por los sistemas, pero no estaba limitado a ellos. Así, ella nunca miraría las circunstancias externas (en su caso, desfavorables), sino que podía seguir apreciando su valía conforme a los elementos interiores que Dios valora sobremanera: un corazón dispuesto a confiar y a obedecer.

Jesús señala que lo que vemos pronto será destruido (21:5, 6; el templo judío englobaba matices sociales y no solo religiosos). Los sistemas humanos, aún los delegados y aprobados por Dios (cf. Rom 13:1-8; 2 Ped 2:11-25), terminarán. Sin embargo, la aprobación de Dios respecto a nosotros no acaba con el fin del mundo y sus sistemas.

Estamos llamados a vivir como si los diversos sistemas no existieran. Esto se logra asumiendo nuestras responsabilidades delante de Dios como prioridad. No podemos evitar que los sistemas junto con sus abusos existan. Sin embargo, podemos vivir por sobre ellos sin dejar que nos limiten en nuestra apreciación de quien los estableció para nuestro bien. En la medida que nos concentremos en Dios, los altibajos de este mundo desaparecerán y seremos como la viuda: inalterables y seguros, confiando en un Dios que mira el corazón y que no nos desamparará, aunque se desplomen los cielos.