¿A quién llamas pagano?

14 01 2011

En la actualidad, existen aquellas personas que no creen en la trinidad porque alegan que es de origen pagano. ¿Es cierta esta afirmación? Lo que ellos quisieran que todos creyeran, es que la iglesia cristiana se contaminó con creencias paganas –en las cuales existían triadas de dioses– y formuló la doctrina de la trinidad. Nuevamente, ¿es cierta esta declaración?

Sin lugar a dudas, la mayoría de las religiones paganas de la antigüedad tenían varios dioses, pero concebían una triada de dioses principales u originarios. Sin embargo, esto no es lo que la iglesia cristiana enseña sobre la trinidad. La Biblia nos informa de que existe un solo Dios, pero existe en tres personas. La filosofía griega pudo aportar los conceptos de: (1) ousia (naturaleza/escencia), que es la misma para las tres personas de la Deidad, pues son Dios; e (2) hipostasis (persona/personalidad). Hasta aquí, todo bien y es concordante con lo que dice la Biblia.

El gran problema ocurrió con aquellos que, bebiendo de fuentes pagana, avanzaron con mayores especulaciones sobre la Deidad, y comenzaron a mezclarla con los conceptos paganos sobre la divinidad. Aquí es donde entra en la escena el gnosticismo; una corriente 100% pagana. Sus orígenes se pueden rastrear hasta la religión iraní, al idealismo alegórico de los filósofos platónicos, al pensamiento de ciertos judíos místicos como Filón de Alejandría, y al pensamiento religioso de Egipto y Mesopotamia.

El gnosticismo griego, postulaba que lo material era malo, por lo que un ser inferior había creado el mundo: un demiurgo (un dios subordinado; literalmente un “trabajador público”). Este habría sido el agente creador, y era concebido también como la personificación de la razón o la sabiduría; el logos de los griegos. Este esquema mental presuponía, entonces, la existencia de un dios supremo, y otro(s) dios(es) subordinado(s). Esta forma de pensamiento colocó el terreno para los pensamientos arrianos (que negaban la divinidad de Jesús) que podían asociar a Jesús con el demiurgo del gnosticismo; y armó el escenario para considerar al Espíritu Santo como una “emanación” de ese dios supremo.

En el gnosticismo, se creía que dios y el hombre tenían la misma naturaleza. Por causa de un quiebre o caída (al mundo físico y malo; en el pecado según la Biblia) el hombre fue dejado en un mundo totalmente ajeno a la realidad de su ser (más bien espiritual que material). La salvación consistía en obtener conocimiento sobre su origen, su esencia y su verdadera identidad. Este conocimiento, que se alcanzaba por medio de experiencias de éxtasis, tenía como finalidad devolver al ser humano al pleroma, el reino de la luz.

Como ven, en un esquema mental de esa naturaleza, ahora entendemos por qué los cristianos identificaron las ideas de que Jesús no era divino, y que el Espíritu Santo era una fuerza como herejía. Decir que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son divinos, no es un invento pagano: al contrario. Esta afirmación descansa en la revelación bíblica, y se aparta de la noción pagana de dioses y “semidioses” un una jerarquía subordinada o triadas (tres dioses).

Quienes hoy alegan que la religión cristiana “pura” es la que concibe solo al Padre como divino, a Jesús como un ser creado, y al Espíritu Santo como una fuerza, están más cerca del paganismo de lo que ellos creen. Son verdadero gnósticos modernos, pero, al parecer, no lo saben.





Pensamiento grecorromano

11 01 2011

Cuando ciertas personas deciden que el Espíritu Santo es un fuerza y que no es divino, lo hacen bajo ciertas conclusiones extraídas de algunos pasajes de la Biblia. Escogen aquellos que describen de forma simbólica al Espíritu, y los interpretan como una definición de su naturaleza misma. Los pasajes en donde la luz, el agua, o el fuego se usan cómo símbolos, simplemente describen aspectos de cómo obra el Espíritu. De Jehová se dice que es “fuego consumidor” (Deut 4:24; 9:3), pero no por eso le atribuimos esa descripción como su esencia. Lo mismo nos debe guiar cuando buscamos entender la naturaleza divina del Espíritu Santo.

Quienes deseen buscar en la Biblia algún fundamento para “probar” que el Espíritu Santo no es divino, siempre lo hallarán, pues leerán solo lo que les conviene, y lo que puede ser interpretado por ellos en esa dirección. Esta forma de pensar, presupone que no se pueden conciliar todos los versículos sobre un tema, por lo cual se debe escoger una alternativa, dentro de las que se nos presentan.

Este fenómeno se da también con la naturaleza de Jesús. Por un lado, están quienes recopilan pasajes que destacan su humanidad. Otros leen aquellos que realzan su divinidad. Sin embargo, esta forma de pensar (es A o B, no los dos), es puramente griega. Fue esta forma de pensar la que echó a perder la comprensión de las Escrituras en la iglesia cristiana. Se apartaron de la forma integrada de interpretar los pasajes, propio de la mentalidad hebrea y de la revelación bíblica.

De esta manera, quienes hoy acusan que el Espíritu Santo (o que Jesús) no es divino, lo hacen porque asumen que “es lo uno o lo otro”, pero que no se pueden hacer compatibles posturas que aparentemente son antagónicas.

Quienes hablan en contra de la trinidad, aluden a que este fue un invento de la iglesia católica, debido a su influencia pagana, de la mentalidad grecorromana. Sin embargo, ellos usan la forma de pensar grecorromana, para desechar una noción que es contradictoria con su forma de entender la Biblia.

La idea detrás de la palabra “trinidad”, es bíblica, y solo puede ser entendida correctamente si se desecha el pensamiento grecorromano que nos induce a ver contradicciones en todo, a elegir entre A o B, y no comprender que ese no es el contexto en el cual Dios se reveló.








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