El príncipe William se casará con Kate. Faltan pocas horas. Se especula que millones de personas acompañarán la ceremonia, ya sea de forma presencial en Londres, o por medio de las transmisiones televisivas. Una cosa es acompañar la ceremonia, otra completamente distinta es compartir el sueño y el anhelo de que la institución del matrimonio sea más que solo un ceremonia.
La sociedad ha minado la importancia del matrimonio de manera consistente. El casamiento, y no el matrimonio, es más importante. La ceremonia, la fantasía de una fiesta que eclipse a la de Cenicienta, etc. Es curioso que bodas de personajes “ilustres” de la sociedad acaparen tanto la atención de personas que no creen en la institución del matrimonio. Al decir que no creen, me refiero a que lo han definido como algo que es disoluble. No existe una dedicación para que funcione… si funciona genial, pero si no, para eso existe el divorcio.
Me atrevo a sugerir que estas bodas “reales” u otras de personajes idealizados alimentan, de alguna manera, las ilusiones y sueños rotos de las masas. ¿Cuántas personas alimentan su estima propia, sus sueños platónicos, etc, con los logros y la vida idealizada de sus ídolos? ¿Cómo interpreta una sociedad que socava la credibilidad del matrimonio una ceremonia y una unión como la del príncipe con Kate? ¿Será que su experiencia alimenta los anhelos de que eso es lo que les gustaría, pero que no están dispuestos a luchar lo suficiente como para conseguirlo? Un matrimonio que se idealiza –suponiendo que “vivieron felices para siempre”– puede hacer que muchos rehuyan a confrontarse con la realidad, una que deben administrar para hacer que su matrimonio fructifique en medio de las dificultades.
Sería espectacular que al príncipe y a su prometida les vaya bien, que sean un ejemplo de que no solo la ceremonia, sino que el matrimonio es algo válido y hermoso. Que no sea solo otro casamiento de cuentos de hada, sino que logre proyectar esas ilusiones de las masas hacia una nueva valoración del matrimonio; uno forjado en base a los desafíos y gozos que se comparten día a día en un mundo real.
