Ser; esa es la cuestión…

4 06 2008

“Tales son las sendas de todo el que es dado a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores.” – Prov. 1:19.

Había un hombre que no estaba conforme con la vida que llevaba.  Le gustaba mucho, sin embargo, la vida de su vecino.  Cada vez que podía, se sentaba a mirar por su ventana cuan hermosa era la casa de su vecino; su jardín, su nuevo auto y el nueva cortadora de pasto.  Por la noches, aveces se podían ver los muebles que tenía, y él los comparaba con los que su madre le había regalado hace bastantes años.  Por las mañanas, salía a trabajar, pero ya no lo disfrutaba, porque sabía que su vecino tenía un trabajo mucho mejor, y con mayor salario.  Así se pasaban sus días, y poco a poco se fue sumiendo en una gran depresión.  Ya no encontraba nada hermoso ni agradable.  Su esposa ya no le parecía tan hermosa, sus hijos le eran una molestía; según él lo único que hacían era causar problemas.  Verdaderamente, su vida paso a ser una molestia constante.

Así obra la codicia.  Te lleva a desear lo que no es tuyo, y lo que es tuyo, finalmente no lo disfrutas; es como si no lo tuvieras.  Lo más terrible es cuando esto trasciende lo material y llega a afectar tu propia vida… ya no te gusta.

Ser felíz con lo que uno tiene es importante…  Ser felíz con lo que uno es, lo es más todavía.  Tanto el rico como el pobre pueden ser hijos de Dios por igual.  Lo demás es circunstancial.  Nada de lo que tenemos irá a la tumba ni al cielo con nosotros.





El amor verdaderamente necesario

30 05 2008

Hay una serie de reflexiones sobre el amor apareciendo en un canal abierto en Chile.  Generalmente tienen que ver con no provocar dolor, problemas y sentimientos negativos a quien se ama de verdad.  Estás ideas sin duda constituyen un conjunto de ingredientes necesarios en el amor, pero ¿podríamos decir que sintetizan su escencia?  ¿Es el amor solo no causar dolor al otro? ¿Será que el amor puede producir dolor y seguir existiendo como tal? ¿Será que hay cosas que se hacen por amor, que inevitablemente traerán dolor a quien corresponde ese amor?

“Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.  Jesús lloró.  Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.” -Juan 11:33-36.

Lázaro estaba enfermo, y dado a que Jesús esperó dos días, finalmente murió.  ¿Por qué esperó Jesús, si tenía el poder de sanarlo, evitando asi el dolor de María y Marta, como de los judíos que las acompañaban?  ¿Por qué, si le amaba y eran grandes amigos, permitió que muriese?

Para responder estas preguntas debemos intentar conocer la naturaleza del amor de Jesús.  Su amor no es simplista ni irresponsable.  Un amor tal habría sanado a Lázaro de inmediato, sin poner en la balanza otros elementos que estaban en juego en la vida de Lázaro y sus hermanas.  No olvidemos que a Jesús le quedaba poco tiempo antes de morir.  No serían muchas las oportunidades que María y Marta tendrían para seguir fortaleciendo su fe en el Maestro.  Jesús sabía esto.  Conocia a sus amigos bien.  Podía discernir que no bastaba con un milagro de sanidad, sino que debían ser confrontadas en su fe en cuanto a él, y de una manera tal que las preparase para cuando él ya no estuviera a su lado.

Cuando Marta sale al encuentro de Jesús, ella expresa la seguridad de que “en el día postrero” (11:24) volvería a ver a su hermano; no se dá cuenta que ante ella se encontraba “la resurrección y la vida” (v.25): Jesús mismo.  Su relación y dependencia de Dios se basaba en las cosas que sabía, pero todavía no percibía la intervención de Dios en su vida como una relación directa con Jesús.  Todas la promesas de Dios se hacen reales en Jesús.  Le faltaba experimentar lo que significaba creer en Jesús como “el hijo de Dios que [ha] venido el mundo” (v.27).  Su fe debía ser fortalecida para los momentos que vendrían, cuando Jesús ya no estaría, pero sus promesas quedarían.  Lo mismo pasaba con María.  Ambas debían ser ejercitadas en su fe; que no se limitara a ciertas estructuras supuestas, sino que diera plena libertad para que Dios actuara soberanemente, incluso si no entendían. Jesús debía ser responsable ante esta necesidad, y no solo de la enfermedad de Lázaro.  Su amor lo llevó a atender y considerar los aspectos incomodos en la ayuda del prójimo.  Como dice el refrán, debía enseñarles a pescar (fe fortalecida) y no solo darles un pez (sanidad).  Ese aprendizaje no viene fácil.  Jesús sabía eso; no desconocía el dolor que María y Marta experimentaría.  Sin embargo, era necesario para ante la ausencia de Jesús, su fe y confianza en Dios no se desmoronara.

El amor debe hacerse responsable de quienes ayuda y sustenta.  Esa responsabiblidad no es fácil.  Cualquier padre sabe eso.  Nuestro Padre Celestial también; mejor que nadie.





La meta por alcanzar… todavía.

29 05 2008

“Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios” -Lucas 22:69

Son las palabras que salen de la boca de Jesús, en momentos donde su condena era inminente por parte de las autoridades religiosas.  Sin embargo el no duda en enfatizar desde ahora el estará a la “diestra del poder de Dios.”  ¿Por qué dice esto Jesús?  ¿A caso no sabía que había un gran paréntesis entre su presente estado y su condición glorificada al ascender a su morada eterna?  ¿Será que desconocía las penurias que desde allí y hasta la cruz le habrían de acompañar?  Evidentemente no; en diversas ocaciones Jesús le había anticipado a sus discípulos las vejaciones a las que él se vería expuesto (cf. Mrc. 8:31, entre otros).  Sin embargo, Jesús entendía que con la misma intensidad y realismo con la que el sufriría, sería también exhaltado.  El apostol Pablo de alguna manera maneja esta lógica en Hebreos 1:3, “…habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados… se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”El sufrimiento en la cruz nos trae la purificación de nuestros pecados, pero también fue la antesala de la exhaltación del crucificado.

Jesucristo necesariamente debío mirar por fe, vislumbrar aquella meta y apropiarse de ella pues su Padre lo había prometido.  Habían escollos y obstaculos que sortear, sin embargo, ya era un hecho consumado para él y para su experiencia ante las dificultades venideras.

El ejemplo que Jesús nos entrega aquí es vital para el cristiano contemporáneo (y, en realidad, de todas las edades).  El hijo de Dios siempre se debate entre el “ahora” y “todavía no”; sólo la actitud de Cristo es la que nos habilita manejar esta tensión para nuestro bien.  Vivir y enfrentar el mal sabiéndolo derrotado…  Responder blandamente al ofensor, sabiéndolo amonestado por su propia conciencia y por la justicia divina… Poder encarar un mes de escasez, sabiendo que Dios es el dueño de todo cuanto hay…  la lista puede continuar sin fin, y para cada ser que nos rodea.

Hay circunstancias, experiencias de vida, desafios y pruebas que podremos sortear sólo si las enfrentamos sabiendo que son parte del camino a nuestro exito en Cristo.





Hechos “Apocalípticos”…

29 05 2008

Ultimamente las noticias nos han bombardeado con noticias que hacen que nos corran un frio por la espalda.  Terremoto en China, desastres en Myanmar, erupciones volcanicas en el sur de Chile, etc.  Las reacciones son variadas y la consternación de la gente es evidente.

¿Cuantas veces algun reportero ha usado espresiones como la de nuestro título para referirse a alguna calamidad ocurrida en alguna parte del orbe?  Sin embargo, ¿es correcto el uso de este término bajo estos contextos?

Apocalipsis es el último libro de la Biblia (al menos de los libros canónicos, siendo escrito en torno al año 97 DC).  Las primeras palabras del mismo son “La revelación de Jesúcristo…” (1:1).  De aquí su nombre: apocalipsis = revelación (literalmente, “correr un velo”).  Es también importante destacar que es Jesús quien busca revelar su accionar en FAVOR nuestro en medio de un mundo que nosotros mismos estamos autodestruyendo.  Al igual que en una habitación oscura, el libro del Apocalipsis permite que los rayos de luz de un futuro mejor nos traigan esperanza real y duradera.  No se niega la realidad del mal; al contrario, se retrata e identifica para que la evitemos y no caigamos en sus redes.  Pero por sobre todo, se enfatiza el epílogo glorioso que experimentarán aquellos que confiaron más en Dios que en sus propias fuerzas.  La clara intervención de Dios ocurrira cuando el mundo esté preparado para recibir las consecuencias de su propia libre elección.

Creo que los mal usos y abusos de esta expresión, lo único que consiguen es formar una nebulosa que no permite ver a Dios tal cual es; un Dios de amor y de acción en favor de cada uno de nosotros.

A continuación, dejo un video que edité para un programa de mi iglesia con algunas ideas al respecto…





Dios, dame una señal…

21 11 2007

“Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás” (Lucas 11:29).  ¿A que se refería Jesús?  La verdad es que sus palabras son reproche y esperanza a la vez.  Los líderes religiosos acusaban a Jesús de hacer milagros en base al poder dado a él por Satanás.  Jesús refuta esta idea indicando que si Satanás se expulsa a si mismo, su “imperio” no permanecería… lo que el enemigo no quiere.  Por otra parte, Jesús también está diciéndonos que sus milagros son consecuentes con lo que él es: el hijo de Dios, aquel que viene a darnos esperanza y vida.  El no hará más milagros si estos no están gatillados por una fe genuina de quienes los necesitan.  Sin embargo, él ofrece una señal, para crédulos e incrédulos por igual: la señal de Jonás.  ¿Cual es esta? “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mat. 12:40).  Su muerte, sepultura y resurrección; ésta es la señal debido a la cual debiéramos creer en última instancia.  Dios que desciende, se hace hombre, sufre y muere por su creación rebelde… ¡Qué otra señal mayor que esta podríamos pedir!Hay momentos en los cuales sentimos que Dios no está actuando de la manera que nos gustaría.  Nos gustaría “verlo” más de cerca, tener una señal que nos indique que él está con nosotros.   Pues bien, cuando ese sentimiento nos embargue, recordemos la cruz.  Repasemos qué fue lo que pasó allí; en favor de quien sucedió todo aquello.  Nos daremos cuenta que Dios sigue con nosotros y tiene sus brazos extendidos para recibirnos.Jesús ya no está clavado en la cruz.  Él vive.  Intercede por nosotros ante el Padre.  Nos entrega su gracia y perdón ganada para cada uno de nosotros en la cruz.  Es un Dios activo y comprometido hasta el día de hoy.¿Quieres una señal? Mira la cruz.

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