Por lo que observo, el ser humano reflexiona –de fondo o de forma– después que ocurren eventos significativos en su vida. Rara vez anticipamos esos momentos y nos “obligamos” a vivir conforme a ellos, aunque tarden en llegar.
En este proceso, algo tuvieron que ver los griegos –para variar. El concepto griego de conciencia era retrospectivo. La idea era repasar los eventos del día –o del periodo que fuera– siempre que estuviera en el pasado. Luego, al reflexionar en esos eventos, se podían dilucidar las “grandes conclusiones” necesarias para vivir una buena vida.
Creo que esto tiene su validez, después de todo, es innegable que podemos aprender de nuestros errores. Alguien dijo por ahí que el hombre sabio aprende de los errores de los demás, el inteligente aprende de sus propios errores, y el necio no aprende nunca. Sin embargo, ¿es el mejor camino?
El concepto bíblico es diferente. Dios nos invita anticiparnos a los eventos, a las decisiones, a situaciones que definirán nuestra vida para bien o para mal. Como anticipé al inicio de esta entrada: fijar los eventos deseables para mi vida –los que he aprendido a creer que son posibles por lo que Dios me ha revelado– y vivir conforme a ellos, aunque tarden en ocurrir; pero cuando ocurran, estaremos preparados. Nuestras acciones no serán meras reacciones acaloradas e improvisadas; serán actitudes y principios puestos en acción.
El sabio Salomón lo expresó de la siguiente manera:
“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (Eclesiastés 12:1, RVR60).
El salmista también expresó:
“En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti” (Salmos 119:11, RVR60).
Jesús lo corroboró:
“Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo” (Marcos 13:33, RVR60).

El problema no es solamente que no aprendemos de nuestros errores, el problema es que tenemos mala memoria. Somos capaces de modificar conductas , proponernos metas, en fin … cambiar, hasta que nos olvidamos de cuál fue la experiencia que nos llevó a cambiar ese hábito destructivo o la conducta riesgosa o la ausencia de prevención de riesgo. Hasta que de nuevo ocurre una situación similar y ahí recordamos .
Lo que deberíamos aprender es que las cosas vuelven a suceder y estoy completamente de acuerdo, necesitamos sabiduría, porque la memoria….es muy selectiva …