“Vanidad” en la Biblia

1 09 2008

El término “vanidad” aparece 75 veces en la Biblia (Reina-Valera 1960). Su uso es mayoritario en el libro de Eclesiastés (28 veces), siguiéndole Salmos (10 veces). Otros libros como Isaías y Jeremías empatan con 8 registros de esta palabra.

El los Salmos, “vanidad” se usa como un adjetivo de la naturaleza humana; pasajera, mortal, perecedera y débil. Figura, también, asociada a la necedad o mentira (Sal. 144:8).

En Eclesiastés, se usa para reflejar lo tedioso y pasajero de la vida; la rutina que nos absorbe y que poco aporta para lo que realmente hace trascendente nuestra vida: el respeto y asombro ante Dios (Ecl. 12:14). Alude también al esfuerzo humano por buscar y construir la felicidad por sus propios medios; proyecta la fugacidad del gozo para quien lo busca sin Dios (Ecl. 2:1, 11). Incluso el conocimiento y la riqueza, como base de nuestro intento por darle sentido a nuestra vida, carece de trascendencia; es pasajero, es vano (Ecl 2:15; 4:8). Todo lo que no dura, lo que es perecedero, no es importante ante la fugacidad de la vida. Eclesiastés presenta que aquello no brinda felicidad ni paz ante la inminente muerte de todo ser humano.

En Isaías se refleja la idolatría (Is. 41:29) y la necedad de no buscar a Dios (44:9-18) con esta palabra. Los planes y proyectos personales que interfieren con la voluntad perfecta de Dios, también son retratados con este término (Is. 58:9; 59:4). Jeremías sigue una línea de pensamiento muy similar. Reitera la noción de “vanidad” como idolatría (Jer. 10:3-5) y la necedad de ignorar a Dios (Jer. 14:14). La noción de mentira o engaño también está presente (Jer. 16:19).

Las dos veces que aparece en el NT (Rom. 8:20; Efe. 4:17) se usa el mismo vocablo griego “mataiotes”. Significa básicamente, vaciedad, futilidad, frustración y transitoriedad. Son términos actuales que reflejan muy bien la condición humana sin Dios; condición que se alcanza cuando no se alimenta el corazón y la mente con los principios de vida divinos, ni se busca la gracia de Dios para satisfacer nuestra carencia.

Hasta aquí, hemos visto que en realidad no se habla de joyas, pinturas, modas, etc., con lo cual normalmente asociamos “vanidad” estos días. Sin embargo, los principios y actitudes en juego son los mismos que llevan a alguien a buscar en esta “vanidad moderna” la felicidad, proyección o realización personal. El énfasis en la belleza y lo estético para fomentar un modelo de vida ideal está lejos de ser el correcto. La belleza y la salud no son eternos; son pasajeros, son vanos. Enfatizar y depender de un elemento estético, vanidoso, para ser “alguien” en la vida es el camino equivocado. Tan equivocado como era para el pueblo de Israel adorar a ídolos que nada podían hacer, o hacerle caso a mentiras que nada podían hacer para cambiar la realidad de sus faltas contra Dios. Es confiar y depender de factores superficiales, externos y pasajeros, lo que constituye el problema básico de la vanidad en cualquiera de sus formas.

Es en este contexto, que Pablo y Pedro entregan sus consejos a la iglesia cristiana. La iglesia estaba iniciándose, y se encontraba expuesta a muchas influencias que la podrían llevar a quitar sus ojos de la eternidad y fijarse más en las cosas que brillan y encandilan de este mundo. Pablo escribió “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Tim. 2:9, 10). Pedro agrega “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Ped. 3:3, 4).

Lo que ellos buscan este no nos dejemos engañar por las apariencias. El ser humano tiene algo que lo hace más bello y hermoso que lo que la estética y vanidad puede aportar; un corazón limpio y regenerado por la gracia de Dios, alguien que no tiene nada que temer del futuro y cuyo pasado está escondido en el perdón de Dios. Eso finalmente se refleja en el rostro y en nuestra disposición ante la vida. Esa es la verdadera belleza, la que no se acaba, pues Dios la ha puesto en nuestra vida.

About these ads

Acciones

Information

2 responses

24 01 2014
Jose Ignacio Zambrano

fumar marihuana es vanidad?

20 04 2014
porundia

El estado en el que te deja es pasajero, así que, técnicamente, es vanidad. También lo es debido a que es una “solución” externa, que poco y nada hace en favor de los problemas o dolores de los que se huye.

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 115 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: