Ultimamente las noticias nos han bombardeado con noticias que hacen que nos corran un frio por la espalda. Terremoto en China, desastres en Myanmar, erupciones volcanicas en el sur de Chile, etc. Las reacciones son variadas y la consternación de la gente es evidente.
¿Cuantas veces algun reportero ha usado espresiones como la de nuestro título para referirse a alguna calamidad ocurrida en alguna parte del orbe? Sin embargo, ¿es correcto el uso de este término bajo estos contextos?
Apocalipsis es el último libro de la Biblia (al menos de los libros canónicos, siendo escrito en torno al año 97 DC). Las primeras palabras del mismo son “La revelación de Jesúcristo…” (1:1). De aquí su nombre: apocalipsis = revelación (literalmente, “correr un velo”). Es también importante destacar que es Jesús quien busca revelar su accionar en FAVOR nuestro en medio de un mundo que nosotros mismos estamos autodestruyendo. Al igual que en una habitación oscura, el libro del Apocalipsis permite que los rayos de luz de un futuro mejor nos traigan esperanza real y duradera. No se niega la realidad del mal; al contrario, se retrata e identifica para que la evitemos y no caigamos en sus redes. Pero por sobre todo, se enfatiza el epílogo glorioso que experimentarán aquellos que confiaron más en Dios que en sus propias fuerzas. La clara intervención de Dios ocurrira cuando el mundo esté preparado para recibir las consecuencias de su propia libre elección.
Creo que los mal usos y abusos de esta expresión, lo único que consiguen es formar una nebulosa que no permite ver a Dios tal cual es; un Dios de amor y de acción en favor de cada uno de nosotros.
A continuación, dejo un video que edité para un programa de mi iglesia con algunas ideas al respecto…