Eutanasia, codigos y política

15 11 2007

El escenario bioetico está cada vez más complejo. Cada vez más, el hombre descubre nuevas vetas de lo que cree es nuestro origen o el significado de la vida. La ciencia ha tornado común lo que antes el hombre respetaba como un ambito sagrado. Aparentemente la noción de un ser supremo (Dios) que nos ha concedido este maravilloso regalo, está cada vez más lejano. El hombre ha preferido apropiárse ese derecho, sin dimensionar que viene adjunto con responsabilidades que lo superan. Dentro de estas dos últimas semanas, los medios han dado a conocer fallos (en Italia) o situaciones (Chile) en donde resquicios legales o desequilibrios mentales, respectivamente, han servido para colocar el tema de la eutanasia en boca de muchas personalidades nacionales e internacionales.Las reaciones e interpretaciones de los hechos dejan mucho que desear. Digo esto desde un plano moral cristiano. “Debemos replantearnos”, y frases en esta linea, solo reflejan que no se ha comprendido que un cristiano es alguien que sigue a Cristo; no es quien debate con Cristo para finalmente imponer si postura personal. El voto popular o el parecer de eruditos, no cambia el hecho que Dios nos creó, nos sustenta y desea que vivamos “en abundancia” (Jn. 10:10).

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La incomodidad del cristiano

15 11 2007

Recientemente estuve leyendo el Salmo 120.  Es uno de los breves; solo 7 versículos.  El salmista clama a Dios porque siente la angustia asociada al lugar en donde se encuentra habitando (no está en su hogar; las circunstancias lo han obligado a huir).  Sabe que la mentira y el engaño caracterizan a quienes lo rodean, y eso no lo deja vivir en paz.  ”¡Ay de mi que moro en Mesec… entre las tiendas de Cedar!” (v.5).  Este clamor se debe a que los que ahí habitan “aborrecen la paz” (v.5), pero el es “pacífico” (v.6).  Hay un contraste que lo incomoda y le duele en su ser.  No se puede sentir a gusto, pues el sabe que es hijo de un Dios de Verdad, no de engaño y mentira.  También sabe que no le sirve de nada caer en la usanza de quienes lo rodean: “¿Qué te dará, o qué te aprovechará, oh lengua engañosa?” (v.3).  El salmista no quiere ceder al juego de los malvados; ha escogido la verdad como actitud suprema, y eso lo hace estar incomodo…Como cristianos, ¿nos sentimos incomodos o cómodos en este mundo tal cual está? ¿Hemos bajado la guardia y acomodado a los patrones de quienes nos rodean?  Debemos entender que la incomodidad del cristiano ante un mundo corrupto es una necesidad, es nuestro termostato; mide cuanto nos hemos mimetizado o no con las conductas y actitudes de esta sociedad postmoderna.

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