Tener la mente de Cristo

3 07 2009

Recientemente usteve estudiando 1 Corintios 2.  El apostol termina con el texto celebre “mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (v.16).  El contexto en el cual el apóstol dice esto es muy significativo, dado que Pablo está justificando su ministerio, predicación y la cruz de Cristo como centro de todo lo anterior.OXYGEN Volume 22

La cruz de Cristo es “tropezadero” y “locura” para los judios y griegos respectivamente.  Los judios que pedían señales no ven en la cruz una señal divina, y los griegos que exigen sabiduría no entienden la lógica de la cruz (1 Cor 1:22-23).  Sin embargo, Pablo dice que la cruz es la única forma de pasar de incrédulo a creyente.  La otra alternativa es la sabiduría humana, la que no sirve como fundamento adecuado para una fe solida (1 Cor 2:4-5).

La verdadera sabiduría está escondida en los designios de Dios.  Estos designios fueron revelados en la encarnación y muerte de Cristo; es ésta la sabiduría “oculta”, la que habría de ser revelada con la venida del Mesías (1 Cor 2:7; ver Ef 1:7-9 y Col 1:26).  Era un misterio como Dios salvaría a la humanidad.  Si bien había sido anticipado por los profetas, ni ellos pudieron ver su cumplimiento; solo Juan el Bautista, al introducir a Jesús, pero ni él pudo ver la consumación de su ministerio en la cruz.  De ahí la cita de Isaías “Cosas que ojo no vio, ni oido oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor 2:9).  La cruz es lo que nadie pudo haber imaginado hasta ser cumplida y revelada por Jesús.

Ésta es la sabiduría que el mundo no entiende.  El hombre natural (2:14) no entiende pues está guiado por su lógica y no por el Espíritu Santo.  No logra hacer sentido alguno de la cruz.  La muerte de Jesús no se comprende ni motiva al hombre.

Para el cristiano, el creyente, el que se ha visto confrontado con esta sabiduría y la ha aceptado, las cosas son diferentes.  La cruz es sinónimo de “sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor 1:30).  La cruz es el motor de todas sus motivaciones y deseos.  Su mente funciona al unisno con la lógica de Dios al decidir morir en nuestro lugar.  El hombre guiado por el Espíritu, entiende la gracia y vive conforme a ella.  Evalua las cosas de su vida y entorno a la luz de la cruz.  Por eso es tan incomprensible su vida y actuar para el resto.  El mundo no comprende al cristiano convertido; su paciencia, gratitud, tolerancia y capacidad de perdonar ante los agravios de la vida son locura.

Aquel que es cristiano no debe laguidecer ante esta situación de incomprensión.  Al contrario: “tenemos la mente de Cristo”.  Tal cristiano ha llegado a ver las cosas como Dios la ve.  Interepreta el dolor, sufrimiento, gozo y alegría a la luz de la eternidad, pasando por sobre las definiciones humanas y temporales de estos valores o emociones.  El plan de Dios es el que él acepta para su vida; lo entiendan los demás no es importante.  El ha entendido la lógica de Dios: su gracia y misericordia relveladas en la cruz.  Estos son los lentes con los cuales él ve la vida ahora: los ojos y la mente de Dios.





¡¡¡Siempre una oportunidad!!!

11 09 2008

Jesús ilustró la gracia de Dios de diversas formas.  Usó parabolas constantemente para mostrar de manera cercana y comprensible la bondad de Dios para con el hombre.  Una de ellas el la del Patrón de la Viña (Mateo 20:1-16).

A las 6, 9, 12, 15 y 17 horas del día el patrón salió a buscar obreros para su viña.  Con los primeros establece el acuerdo de un denario por la jornada; a los restantes, lo que sea justo.  El día transcurre con aparente normalidad.  El calor y el trabajo duro (v.12) dejan a los trabajadores cansados, especialmente a los que laboraron desde las 6 de la mañana.  El desenlace ya es conocido.  Al momento de recibir la paga, los últimos en llegar (los que trabajaron sólo una hora) recibieron un denario.  Ya nos podemos imaginar lo que pensaron los de las 6 de la mañana: “Sin duda nos pagará más, proporcionalmente corresponde, hemos trabajado más que ellos…”  Grande fue su chasco y desilusión cuando el pago fue el mismo: un denario.  Que ese haya sido el acuerdo no les importó, ellos estaban totalmente enfocados en la “injusticia” de lo que acababa de ocurrir.  El trabajo que en algun momento les iría a reportar su ganancia y sustento, su ingreso para sustentar a su familia… una bendición para ellos, terminó convirtiéndose en el motivo de su enojo y frustración.  No comprendían la lógica del patrón y estaban ofendidos por su generosidad.

Así es la salvación, dijo Jesús.  Dios anhela que todos se salven.  Sin embargo, también sabe que no todos aceptarán su sacrificio en la cruz, así como no todos los desempleados de esa región fueron a esa plaza aquel día buscando trabajo.  Si pudiesemos comparar el día que abarca la parábola con nuestra vida, y cada instancia en donde el patrón buscó más trabajadores con las oportunidades y el tiempo que poseemos… una enseñanza muy valiosa sale a la vista.  Dios no está tan preocupado con el tiempo perdido, sino, con una vida malgastada.  Algunos han encontrado a Jesús temprano en su vida, y tienen el privilegio de haber pasado más tiempo con el Señor.  Por lo mismo, sus vidas se han visto enriquecidas con bendiciones que no siempre se pueden medir, pesar o avaluar monetariamente.  Otros lo hayan tarde y logran disfrutar muy poco de su compañía. Pero, independiente de la hora en la que nos encontremos en nuestra vida, si aceptamos la invitación de nuestro Señor, nuestra vida tiene sentido, es plena, pues ha encontrado salvación.  La salvación se ofrece por igual a todos; Dios no conoce a hijos de primera o segunda categoría, todos son salvos por igual.

Si piensas que ya es demasiado tarde para conocer a Jesús y darle una oportunidad para trabajar en tu vida… recapacita.  Nunca es tarde.  Mientras haya aire en tus pulmones, tu corazón lata y tengas vida… ¡¡¡siempre hay una oportunidad!!!

Por otro lado, si llevas tiempo caminando con Jesús ¡¡¡no te confundas!!!  No mereces más que otros, ni eres mejor que ellos.  Sigues necesitando la gracia de Dios cada día en tu vida.  Si hemos de disfrutar nuestro cristianismo, no lo veamos como trabajo, requisitos u obras, pues eso no nos da derecho al cielo.  Lo único que nos abre las puertas del cielo es la cracia de Dios; la misma que salvó a un campeón de la fe como Pablo y a un anónimo ex-ladrón en la cruz.





“Vanidad” en la Biblia

1 09 2008

El término “vanidad” aparece 75 veces en la Biblia (Reina-Valera 1960). Su uso es mayoritario en el libro de Eclesiastés (28 veces), siguiéndole Salmos (10 veces). Otros libros como Isaías y Jeremías empatan con 8 registros de esta palabra.

El los Salmos, “vanidad” se usa como un adjetivo de la naturaleza humana; pasajera, mortal, perecedera y débil. Figura, también, asociada a la necedad o mentira (Sal. 144:8).

En Eclesiastés, se usa para reflejar lo tedioso y pasajero de la vida; la rutina que nos absorbe y que poco aporta para lo que realmente hace trascendente nuestra vida: el respeto y asombro ante Dios (Ecl. 12:14). Alude también al esfuerzo humano por buscar y construir la felicidad por sus propios medios; proyecta la fugacidad del gozo para quien lo busca sin Dios (Ecl. 2:1, 11). Incluso el conocimiento y la riqueza, como base de nuestro intento por darle sentido a nuestra vida, carece de trascendencia; es pasajero, es vano (Ecl 2:15; 4:8). Todo lo que no dura, lo que es perecedero, no es importante ante la fugacidad de la vida. Eclesiastés presenta que aquello no brinda felicidad ni paz ante la inminente muerte de todo ser humano.

En Isaías se refleja la idolatría (Is. 41:29) y la necedad de no buscar a Dios (44:9-18) con esta palabra. Los planes y proyectos personales que interfieren con la voluntad perfecta de Dios, también son retratados con este término (Is. 58:9; 59:4). Jeremías sigue una línea de pensamiento muy similar. Reitera la noción de “vanidad” como idolatría (Jer. 10:3-5) y la necedad de ignorar a Dios (Jer. 14:14). La noción de mentira o engaño también está presente (Jer. 16:19).

Las dos veces que aparece en el NT (Rom. 8:20; Efe. 4:17) se usa el mismo vocablo griego “mataiotes”. Significa básicamente, vaciedad, futilidad, frustración y transitoriedad. Son términos actuales que reflejan muy bien la condición humana sin Dios; condición que se alcanza cuando no se alimenta el corazón y la mente con los principios de vida divinos, ni se busca la gracia de Dios para satisfacer nuestra carencia.

Hasta aquí, hemos visto que en realidad no se habla de joyas, pinturas, modas, etc., con lo cual normalmente asociamos “vanidad” estos días. Sin embargo, los principios y actitudes en juego son los mismos que llevan a alguien a buscar en esta “vanidad moderna” la felicidad, proyección o realización personal. El énfasis en la belleza y lo estético para fomentar un modelo de vida ideal está lejos de ser el correcto. La belleza y la salud no son eternos; son pasajeros, son vanos. Enfatizar y depender de un elemento estético, vanidoso, para ser “alguien” en la vida es el camino equivocado. Tan equivocado como era para el pueblo de Israel adorar a ídolos que nada podían hacer, o hacerle caso a mentiras que nada podían hacer para cambiar la realidad de sus faltas contra Dios. Es confiar y depender de factores superficiales, externos y pasajeros, lo que constituye el problema básico de la vanidad en cualquiera de sus formas.

Es en este contexto, que Pablo y Pedro entregan sus consejos a la iglesia cristiana. La iglesia estaba iniciándose, y se encontraba expuesta a muchas influencias que la podrían llevar a quitar sus ojos de la eternidad y fijarse más en las cosas que brillan y encandilan de este mundo. Pablo escribió “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Tim. 2:9, 10). Pedro agrega “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Ped. 3:3, 4).

Lo que ellos buscan este no nos dejemos engañar por las apariencias. El ser humano tiene algo que lo hace más bello y hermoso que lo que la estética y vanidad puede aportar; un corazón limpio y regenerado por la gracia de Dios, alguien que no tiene nada que temer del futuro y cuyo pasado está escondido en el perdón de Dios. Eso finalmente se refleja en el rostro y en nuestra disposición ante la vida. Esa es la verdadera belleza, la que no se acaba, pues Dios la ha puesto en nuestra vida.





Un espejo roto

19 06 2008

Ayer terminó la jornada de investigación sobre creación y evolución en el campus de la UNACH.  Diversos temas fueron presentados, algunos netamente científicos, otos de caracter bíblico, y aún otros que presentaban la dinámica entra ambos campos.

Si hay una “conclusión” general a la cual se pudo llegar, es que independiente de las evidencias que uno pueda obtener gracias a la ciencia investigativa, la interpretación de la misma va a depender de la cosmovisión que uno posea.  Esta visión de mundo es decisiva al momento de sopesar la evidencia que está al alcance de ambos; creacionistas y evolucionistas por igual.

La cosmovisión humanista/naturalista de la cual surge el evolucionismo es el resultado de un chasco.  El hombre había contemplado por mucho tiempo a Dios por medio del primsa de la iglesia medieval.  Ésta, lamentablemente había caido en el error de superponer la filosofía (Aristóteles mayormente) y los acuerdos conciliares por sobre las Escrituras.  Además, supusieron una situación fracamente contradictoria.  Por un lado se creía en una interpretación figurada de la Biblia, en especial en cuanto al relato de los origenes (San Agustín), pero por otro lado se enfatizaba la literalidad de las descripciones fenomenológicas que aparecen en la Escritura (el sol se “pone” o “nace”, etc).  Esto los llevó a ser intransigentes con los nuevos descubrimientos del siglo 16 sobre es cosmos y el nuevo modelo heliocéntrico.  La rígidez de la iglesia, la aparente incapacidad de la Biblia de explicar nuestros origenes y naturaleza llevó al hombre a independizarse del Creador y de su revelación; pero en el fondo lo que estaban rechazando era la forma como se les habían presentado por la iglesia, pero no notaron la diferencia; todo fue “echado dentro del mismo saco.”

Surge, entonces la intención humana de explicar su propia existencia.  Sin Dios y lo sobrenatural, el resultado inevitable fue el evolucionsimo: naturalista, materialista; básicamente, humanista.

Se rechazó la consmovisión divina por considerarla inadecuada (y de hecho lo estaba por las manipulaciones hechas por la iglesia), reemplazandola por una que al menos era da manufactura de la razón (en aquella época deificada), y por lo tanto considerada más confiable.

El único problema es el siguiente: la Biblia no es la responsable de aquella cosmovisión equivocada que llevó al hombre iluminista a revelarse.  Si leyesemos la Biblia sin presuposiciones filosóficas y conciliares en mente, nos daríamos cuenta que presenta una visión de Dios que es plenamente “razonable” con las obervaciones y mediciones de la naturaleza hechas por la ciencia actual.  La Biblia nos invita a que aceptemos la acción sobrenatural de Dios, pero en todo aquello que es “natural” y medible, no se observa una contradicción con la narrativa bíblica.  Mas bien, la Biblia al no entregar una descipción exhaustiva y científica de lo ocurrido, deja la puerta abierta para que el hombre, reconociendo la acción sobrenatural de Dios, pueda maravillarse y emprender su busqueda dentro del ambito natural.

“En el principio, creó Dios…” siguen siendo palabras poderosas y significativas.  Gracias a ellas podemos contemplarnos como realmente Dios quiso que fueramos; hechura suya, con propósito y sentido en él.  El humanismo ha roto ese espejo en el cual nos podíamos contemplar como creación de Dios, pero no es tarde para reevaluar con qué cosmovisión me quedo para darle sentido a mi origen y destino.





Sexo según Dios

5 06 2008

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” – Gen 2:24

Un artículo de la revista Christianity Today (online) reveló un movimiento que está tomando fuerza en algunos campus universitarios de EE.UU.  Ha surgido como una reacción sana a una practica malsana: Es común que  la sexualidad de los jovenes actuales se desarrolle en relaciones de una noche, donde muchas veces, el exceso de alcohol es un ingrediente fundamental; en inglés, “hookup“, se conocen, se “enganchan” (hookup), y siguen sus vidas sin realmente conocerse.

Como reacción, varios alumnos se han organizada para levantar la voz a favor de la virginidad hasta el matrimonio y la abstinencia.  Se citan los casos de agrupaciones en las universidades de Harvard y Princeton.  Sin embargo, los motivos que los llevan a adherirse a estos prinicipos no son bíblicos ni teocéntricos.  Mas bien, descansan en estudios cientificos y ética filosofica.  Los argunmentos son:

  • Abstinencia premarital asegura mejor salud, mejores relaciones interpresonales y mejor sexo dentro del futuro matrimonio.
  • Se evitan enfermedases, embarazos no deseados, violaciones, sentimientos de culpa y alienación y, en algunos casos, tasas menores de divorcio y pobreza.

Esto solo puede significar una cosa.  Lo que Dios dice sobre la sexualidad humana no es una imposición arbitraria.  Dios no necesita probar cientifica y filosoficamente las cosas; las dice porque sabe que debieramos recibirlas confiando en su amor y en su anhelo de nuestro bienestar.  Ahora el ser humano, confiando es su intelecto, ha llegado al mismo punto de partida que nos dejó Dios desde que nos creó.  Habríamos ganado mucho escuchando a Dios, y no tratándolo como un inventos de tabúes.

Dios no reaccióna, el actúa anticipadamente dándonos a conocer el ideal que tiene para nosotros.  Esto es cierto con la sexualidad y con todo lo demás.  Hacemos bien en confiar en Dios.